2 de diciembre de 2011

Inspiración.



33 formas de conservar la creatividad

1. Escribe listas.
2. Lleva contigo una Moleskine.
3. Apunta lo que piensas, piensa lo que apuntas.
4. Desconecta Internet.
5. Sé curioso.
6. No te presiones.
7. Toma descansos.
8. Canta en la ducha.
9. Bebe café o té.
10. Recuerda de dónde partiste.
11. Escucha nuevas canciones.
12. Mira las cosas desde otra perspectiva.
13. Rodéate de gente inquieta.
14. Recompénsate.
15. Colabora.
16. No desistas.
17. Practica, practica, practica.
18. Consiéntete cometer errores.
19. Explora nuevos lugares.
20. Ve películas extranjeras.
21. Juzga las críticas.
22. Duerme más de lo necesario.
23. Asume riesgos.
24. Rompe las reglas.
25. Haz lo que te haga feliz.
26. No fuerces las cosas.
27. Lee una página del diccionario.
28. Saca fotos.
29. No intentes ser perfecto.
30. Si tienes una idea, escríbela.
31. Limpia tu mesa de trabajo.
32. Diviértete.
33. Termina lo que empiezas.

1 de noviembre de 2011

Ojos.



Ojos: dime de que color son los de quien tienes al lado, del último con el que has soñado, del que anoche te besó. Dime si has soportado ayer antes de dormir, tu mirada en el espejo. Yo no te veo, pero Dios sí.
Cae el telon, abre los ojos. Cuando mueren a los muertos se los vamos cerrando; porque saben el secreto que guardan para nosotros. No queremos conocerlo. Miedo todo lo que ves y vió.



Tan fácil perderse en los ojos de alguien y olvidarse de uno mismo. Amar algo que no se conoce, pero se intuye.

27 de septiembre de 2011

Her Morning Elegance.


Louise Ebel, Pandora


Sun's been down for days,
A winter melody she plays.
The thunder makes her contemplate,
She hears a noise behind the gate:
perhaps a letter with a dove...
perhaps a stranger she could love.



Era una de tantas veces en las que sentía partirse el tiempo en pedazos. Fragmentos e instantáneas que revelaban pequeños detalles de ella. Secretos escondidos en sus gestos, matices en el color de su pelo o datos escondidos detrás de una mirada. Llegados a este punto podía leer casi todos sus pensamientos en las expresiones de su rostro, incluso las que ella expresaba de forma involuntaria. Un leve fruncimiento de labios o la leve arruga que se formaba en su frente cuando afrontaba un problema, con su habitual calma. No era de aquellas chicas que huían a la mínima de cambio.

Personalmente, consideraba que ella estaba más guapa de madrugada. Y no, no era porque se arreglara para salir o su actitud cambiase. Ella no modificaba su perfil según la situacion que la rodease. Pero era entre las luces tenues, cuando ella se abandonaba a la cadencia monótona y burbujeante de la música, que él creía acercarse más a cómo era ella en realidad. Cuando notaba que esa sonrisa de felicidad que adornaba su cara mejor que cualquier joya era de todo menos fingida.
"...y quien tuviera su don. Sería posible conocerte más por dentro. No lo conseguiré, saber más de tí."
Y secretamente él miraba. Y secretamente él deseaba estar en otro lugar muy distinto. Ella descansando tiernamente en la cama, ajena a todo y a todos. Una dulce sonrisa de sueño tranquilo. Y aunque él no hubiera compartido la cama con ella, saber que su tranquilidad estaba asegurada. Y que cada día se acercaba un poco más a desentrañar el acertijo que él se había planteado resolver.
"Creo que lleva media vida huyendo, quizás le pasa lo mismo que a mí. Había expandido su emisión global desde Lima hasta Reikiavik... y sin embargo a quien tenía cerca no podía transmitir."
Y ella abandonaba la discoteca, agotada de bailar en la sombra, como todas las noches. Y él observaba. Y la imaginaba llegando a casa, dejando el bolso en la mesa, desabrochándose la cremallera del vestido y bajándose de sus tacones no sin cierto alivio. Y acostándose dulcemente en su cama, para disfrutar de su merecido descanso. Ojos cerrados y rostro en calma.
Éso, y no otra cosa, era su verdadera elegancia.


And she fights for her life,
where people are pleasently strange.
And counting the change, and she goes...
Nobody knows.




Notas finales respecto al texto: Esta pequeña cosa dulce ha sido fruto de tres canciones (de las cuales hay todas frases en el texto): 'Miau Miau' de Los Suaves, 'Club de fans de John Boy' de Love of Lesbian y 'Her Morning Elegance' de Oren Lavie.
No siempre lo más exuberante es lo más hermoso. Es un buen resumen del texto en sí.

18 de septiembre de 2011

Enroque.



Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.

No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.

También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y blancos días.

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?


~Jorge Luis Borges




- Salir, beber... el rollo de siempre. Tomarme mil cañas y hablar con la gente.
Que esa fuera su única respuesta ante la pregunta “¿qué tal la otra noche?” no mejoró su estado de ánimo. En los últimos tiempos la única forma de dar un giro de ciento ochenta grados a su vida era absorverlos uno por uno del alcohol que cada noche deterioraba su hígado y su alma. Y ella no habría tenido reparo en reconocer que sí, que necesitaba beber para pasárselo bien. El único problema que ese método planteaba es que, como un resorte, a la mañana siguiente volvía a encontrarse en el punto de partida, y más hundida que nunca, física y moralmente hablando.

Atrás quedaban los tiempos en que todo parecía tan fácil como chasquear los dedos. Aquellas fabulosas noches sin más luz que la de los lásers y focos de la discoteca que resaltaban las curvas de los cuerpos femeninos al moverse con movimientos armónicos sumamente complejos. El hecho de creerse capaz de manejar a toda esa gente cuan piezas del tablero que delimitaba su imaginación le hacía imaginarse los bailes y miradas como caricias y gestos apacibles. No había enemigos. Sólo estaba el tablero, los jugadores y las piezas.
Y resultada tan fácil como un pestañeo delicado el hecho de conseguir que las piezas se moviesen por las casillas y luchasen entre sí. Ella, como buen jugador, observaba y tomaba partido raras veces, siempre buscando manipular los hechos desde la sombra. Sumamente divertido. El amor se tornaba en odio, y viceversa. La atracción física primaba, y era lo que daba sentido al juego en sí. El cómo dos personas podían unirse de forma tan íntima con un movimiento de melena o un roce sutil.
Y la madrugada se trataba de un juego en el que era imposible que nadie le hiciese daño. Desinhibirse venía de la mano de un ardor afrutado en la garganta, o en ocasiones de un sabor ácido que enmascaraba el fuego que contenía lo que ingería. Así el jugador pasaba a ser su propia pieza. Y pasaban las horas.

Y sólo cuando falló la torre se vino todo abajo. Su plan de juego perfectamente esquematizado y pulido con el paso del tiempo dejó paso a lo que reposaba bajo la superficie: falsas sonrisas y oportunismo.
Él, que había sido su amigo fiel desde la más tierna infancia, se cansó de los juegos. Se cansó de verla divertirse a costa del sufrimiento ajeno, de quererla muy a su pesar, de estar enamorado de algo tan nocivo. De ser el pilar en el cual se sustentaba para aumentar la apuesta cada día, la torre del tablero. Su método de defensa, su enroque y coraza. Se cansó de ser el último plato y decidió dejar aquello a un lado. Decidió buscarse a alguien que lo amase de igual forma y abandonar una batalla de la cual ya no recordaba el motivo.

Y para cuando ella volvió en sí las piezas habían descubierto la trama encubierta. Y lo que antes era un teatro bien representado ahora se mostraba como un vodevil insulso en el que nadie era lo que parecía. Y que no siempre las personas más atractivas eran aquellas en las que se podía confiar. Que uno siempre velaba por sus espaldas antes que por las de los demás. Y que los verdaderos amigos no se encontraban en tableros de esa índole.
Imposible ya de recuperar lo perdido, no le quedó más remedio que permanecer en el juego del cual no había podido despegarse. Y ella, que había dejado a un lado lo demás por su propio divertimento, comenzó a comprender que su vida no iba a ningún sitio. Que la defensa muchas veces es más necesaria que el ataque.
Y su orgullo le impidió solicitar ayuda y reconocer su error. A pesar de que deseaba ser amada, su prioridad era que se la respetase. Y nadie respetaba a alguien que se equivoca. Nadie olvida los fallos. Ella era el eje de acción, la pieza versátil.

Porque todos sabemos que las reinas jamás hacen tratos.




Notas finales respecto al texto: No ha salido del todo como lo planeé cuando me vino la idea a la mente, pero no me desagrada el resultado. La idea de que las relaciones sociales son una partida de ajedrez me obsesiona mucho más ahora que antes incluso.
Fruto de la inspiración del libro 'El ocho', del cual he sacado el poema y la frase final, y dos noches completamente opuestas entre sí. O no. Al fin y al cabo todo está ligado.

10 de septiembre de 2011

Innocence.




Ahora dicen que hay muchos más universos infinitos como el nuestro. Dime si no es para volverse loco, ¿no te sientes más pequeño? Dos espejos frente a frente crearán cien mil caras que observar, puede que alguno de ellos sea el real, lo tendré que investigar.
Que empiece el viaje ya ...

Infinita ingenuidad, ilusión centesimal, me creía tan capaz con mi capsula de albal, mi torpeza fue total, de tan grande es demencial, no detecto una señal, nunca encontraré el lugar donde al fin me entienda.

Me perdí en mi universo, ¿y tú? No volveré a hacerlo más, no he encontrado respuestas. ¿Y si no regreso jamás y este ruido no cesa? Mundos que van a estallar si mi vida es la apuesta.

Y yo ya no puedo hacer más si este más siempre resta.

~Love of Lesbian - Universos infinitos


¿Cómo es posible que una canción despierte sentimientos tan tiernos y a la vez tan contradictorios? Saber que existe alguien en alguna parte que tampoco ha encontrado su sitio todavía, y que se siente solo a pesar de estar rodeado de un montón de gente. Que las afirmaciones que tenías como principales consignas han dejado de tener validez. Y te pierdes en la inocencia.
Ya tengo una nana que me arrulle por las noches. Espero que os guste tanto como a mí.

6 de septiembre de 2011

El arpa.



Del salón en el ángulo oscuro
de su dueña tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo
veíase el arpa.

¡Cuanta nota dormía en sus cuerdas,
como el pájaro duerme en las ramas
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!

¡Ay! Pensé. Cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma
y una voz, como Lázaro espera
que te diga: “¡Levántate y anda!”.


~Gustavo Adolfo Bécquer.


De sobra ella sabía que no iba a ir a ninguna parte. El polvo de tantos años acumulado en sus cuerdas vocales era una prueba más que suficiente de que ya no se esperaba nada de esa vieja gloria. Su poderoso cuerpo y caja de resonancia se iba deteriorando por la falta de uso y la falta de ánimo. Su otrora henchido pecho no era más que roncón desinflado, y la pulida madera que la recubría un pasto perfecto para la carcoma. El tedio de un día a día sin aspiraciones ya hacía mella en su ánimo de genio ofendido desde mucho tiempo atrás, cuando un buen día se decidió que no era necesaria. O que no estaba a la altura de lo que se esperaba de ella. Y ahora, en un rincón del abarrotado desván, el arpa yacía ciega, coja y casi sordomuda. E inevitablemente echaba atrás la mirada buscando encontrar qué la había llevado a esa situación.
Por fortuna o por desgracia, ya sabía la respuesta.




Su cuerpo y mecanismo no fue diseñado por un hombre cualquiera, sino por un auténtico genio del funcionamiento melódico. Directa o indirectamente, nadie sabía mejor qué factores físicos y químicos influían en el sonido de todo gran instrumento que se precie, y qué tratamiento dar a la materia prima para así lograr los acordes más sutiles y delicados. Cada instrumento de su invención era su vástago y a la vez su heredero, pues no deseaba él tener más aprendices que sus propias creaciones.
Para su honor o desgracia, fue la única arpa que el maestro dió a luz. Innumerables violes, contrabajos e incluso mandolinas, pero sólo una única arpa. Y a pesar de su discreto aspecto, todos sus grandes atributos estaban ocultos en el interior.
Fue su padre el primero en probar su voz, más como comprobación de su trabajo primerizo que con auténtica intención de interpretar una melodía. Pero el resultado no le disgustó en absoluto. Como él mismo le susurró, en confidente secreto, sus primeras notas eran sólo el preludio de las grandes obras que estaban por interpretar. Tan sólo se necesitaba al músico adecuado.


Su venta no fue cosa fácil, pues el maestro no entregaba su obra a cualquiera. Podía dolerle más la muerte en vida de su instrumento a manos de un botarate que el escaso dinero de una venta mal administrada. Al final, el trato fue cerrado con alguien de noble cuna, cómo era previsible. Sin embargo, no era él el que le daría uso, sino su hijo.
El primer contacto fue como una colisión. Un espectador en tercer plano habría dicho que el sentido común había errado al unir a dos objetos tan dispares. El muchacho, de apenas cinco años de edad, era sólo una tercera parte de la altura del arpa. A pesar de la rígida educación y férreros modales que se le habían inculcado, un mohín de disgusto residía en sus labios, como en la cara de un esnob permanentemente hastiado, o como el del hijo único que nunca había tenido que compartir sus cosas. El arpa, pesada y regia, no podía siquiera expresar su malestar. Tal era su desilusión, pues sin siquiera haberla tocado todavía el muchacho ya era capaz de preveer la diferencia de su tacto con el de su creador.
Sin embargo, el niño no era un cualquiera. Desde pequeño se le habían impartido clases de las más variadas artes, como era de esperar en alguien de su rango. Entre ellas estaba sin duda la música, asignatura en la cual sobresalía. Tenía un sentido del ritmo y la armonía, así como predisposición para el solfeo y presteza digital para los instrumentos. Fue recomendación de su profesor potenciar esa faceta del alumno, pues apuntaba maneras. Su padre, condescendiente con su hijo, al haber decidido por él qué arte desempeñaría en un futuro, decidió tener una última deferencia con él: dejarle escoger su primer instrumento. Le condujo a una tienda especializada, y rodeó su percepción de toda clase de objetos musicales a su alcance. Al joven se le nubló el juicio. Tantas cosas con que jugar y sólo podía llevarse una. Fue como si a un pequeño que llevaran a una chocolatería le dijeran que se podía llevar un único bombón: peligroso. Y el chico utilizó el mismo recurso que el niño de la chocolatería, lo que su ego le dictaba: ante la duda, el más grande.
El chico señaló aparentemente al azar, pero de forma secretamente premeditada, el arpa que descansaba en un rincón de la habitación. El padre no puso objeciones. Él se encargaría de proporcionarle una buena arpa.


Y así, el azar o quizás el destino dió con estos dos personajes destinados a cooperar. Fue necesario un taburete bastante alto para salvar la diferencia de alturas que dificultaba la tarea. Y aún así, los brazos del chico tenían serias dificultades para alcanzar las cuerdas del lado opuesto del arpa. Cosa que sin duda le incomodaba, pues repitiéndole su madre continuamente que llegaría a ser un gran genio algún día, sentirse tan pequeño no era plato de su gusto. Una vez hubo aprendido las notas y acordes, el funcionamiento intrínseco del arpa, se metió de lleno en el aprendizaje de las primeras canciones.
La primera semana fue ardua. Al ser un instrumento practicamente nuevo, la tensión de las cuerdas todavía sin ablandar las hacía muy duras de pulsar, sobre todo para unos dedos tan pequeños, lo cual ralentizaba la rapidez digital que había presentado en las clases y le hacía sentir torpe, cosa que odiaba. El hecho de tener que estirar los brazos por completo y mantenerlos erguidos le producía dolores a los que no estaba acostumbrado, llegando a acostarse en su lecho con unas agujetas tales como si se hubiera pasado el día levantando pesas de diez kilos. Además, en su fuero interno, no había tenido dudas de que al primer intento le habría salido algo decente, cuando no una canción bien medida, lo cual habría impresionado aún más a su profesor. Tal cosa no ocurrió, como era previsible, hecho que le hizo desesperarse aún más. El arpa, que percibía la crispación en los dedos del muchacho así como las llagas de sus yemas, no podía hacer otra cosa que conservar en su madera el calor que desprendía el pecho de él, buscando así transmitirle un sentimiento humano de calidez y comprensión, pues tal era la composición de que estaba hecha y cuyo efecto había buscado su fabricante.
No hubo grandes sorpresas de ahí en adelante. Las semanas pasaban con un progresivo desuso del instrumento. Lo que en un principio había comenzado con gran ilusión y horas libres dedicadas a ello, había sido relegado a su uso solamente durante las horas estipuladas de clase de música a la semana. Aquí quedó patente finalmente el principal defecto del muchacho, que podía y en efecto hacía eclipsar a los demás: la falta de paciencia. A pesar de ahogarle en cumplidos y grandes promesas, nadie le había explicado que el genio debe entrenarse para poder hacer gala de él; que nadie nace aprendido, y que la dedicación da sus frutos.
Cierto día, a meses ya de la incorporación del arpa a las clases, fue ya su profesor el que empezó a dar señales de malestar. No tanto por los continuos errores del alumno, sino por la falta de ganas y mala actitud que este presentaba. Le pidió que repitiera por enésima vez el esquema de notas básico del 'Himno a la alegría' de Beethoven. El niño había repetido tantas veces esa partitura que tenía las notas grabadas a fuego en la mente, y a la siguiente vuelta la tocó con un rencor de ámbito personal. En un descuido a causa de la exacerbación, aplicó mucha más presion de la que debía en una cuerda en concreto. Si bien el arpa tenía un cuerpo firme y sólido, sus cuerdas eran su parte más frágil. Y esta quebró con un sonoro 'tang', que se asemejó a un gemido de dolor que brotaba del instrumento en sí. La cuerda del 're' se impulsó con fuerza y golpeó en la cara al muchacho. Fue la gota que colmó el vaso. Tanto alumno y profesor se quedaron estáticos y, tras un segundo de cavilación, el primero se bajó del taburete y abandonó la sala sin terciar palabra.


El arreglo de la cuerda rota no fue muy costoso, teniendo en cuenta la capacidad financiera de la familia, pero sí requirió tiempo. No puso ser arreglada por su maestro, pues este ya había fallecido, así que se la llevó a un taller de cierto renombre de la ciudad. Fue imposible incorporarle una cuerda igual a las demás, aún siendo reparada por hábiles artesanos. El arpa echaba de menos que una mano amiga le insuflase pulso. Echaba de menos al muchacho. Porque pese a todo, sí que notaba las ganas de mejorar de él y, poco a su poco, sus respectivas formas habían ido amoldandose a las del contrario. Por eso no veía la hora de volver a casa.
Cuando por fin fue depositada en la habitación de su dueño, observó que todo seguía como lo había dejado. El niño, consciente de lo que le esperaba en la habitación, entró y se encontró de frente, en el ángulo de la esquina opuesta a su arpa. Sin embargo, no brotó ya sentimiento de sus ojos al observarla. Quedamente, recogió un libro que descansaba sobre su mesa de trabajo, y volvió a dejar la estancia. Poco después, el profesor intentó hacer entrar en razón al chico, que se negaba a volver a ponerse manos a la obra. Enseñándole lo que era capaz de hacer su instrumento, se sentó en la banqueta del chico, regulándola a su altura, e interpretó el 'Himno a la alegría' él mismo. El niño permaneció quedo, emitiendo sólo una leve mueca de disgusto cuando el profesor pulsó la cuerda que había sido reparada. Afirmó que ya no sonaba como antes. No hubo manera de lidiar con él.
Y el arpa permaneció muda.

Después fue sólo cuestión de tiempo su ascenso al desván, pues el niño se negó a tomar ninguna clase de música más. Esto ocasionó el enfado de su padre, el cual le recriminó la gran suma de dinero que su educación musical había supuesto. Y esta fue la semilla de su mala relación de ahí en adelante.
El hijo creció, y a la edad debida abandonó el hogar familiar, no sin cierto regocijo. Había encontrado una buena fuente de ingresos en el frío mundo de los negocios, lo suficiente como para mantenerse a sí mismo y a su futura familia si la formaba. Sin embargo, el arpa no advirtió la marcha de su dueño, relegada como estaba un limbo oscuro y lúgubre. A veces se preguntaba por qué no era revendida por el padre. Pensaba para sí misma que, pese al desprecio que le mostraba a su hijo, secretamente echaba de menos los tiempos pasados, y se negaba a deshacerse de ella por los recuerdos que le inspiraba. Lo mismo daba. Un instrumento sin dueño es como un cuerpo sin alma. Y los años pasaron.




Sólo cuando falleció su padre se dignó el hijo a volver a casa. Menudo hijo pródigo. Con la muerte de su madre hacía tantos años, y el aislamiento entre padre e hijo que eso supuso fue toda una sorpresa que la herencia hubiera recaído en sus manos a pesar de todo.
Hundido como había estado en sus asuntos, el hijo no había llegado a formar una familia como él pensó. Sus años de juventud habían transcurrido con ciertas aventurillas, como era de esperar, pero con el tiempo descubrió que disfrutaba más de la soledad y la abstracción. Su trabajo le proporcionaba sustento y caprichos, y su tiempo libre era ocupado con vanalidades. Su nombre había llegado a ser más famoso que el de su padre, tanto por su fortuna como por su excentricidad. Esa alma de genio acomplejado de la que no se había logrado deshacer. Por eso cuando volvió a pisar su casa no pudo sino dejar que sus recuerdos le invadieran.
Según fue haciendo inventario de los bienes y el uso que iba a darles a ellos y a la antigua casa, su deambular le llevó, como es previsible en esta historia, al desván. Tanteando en la oscuridad, encontró las persianas de las ventanas tanto ha ya cerradas, y las levantó con esfuerzo debido a la suciedad que habían acumulado. Una vez todo estuvo visible, se dió la vuelta y apreció la estancia. Y allí, en el ángulo más oscuro, silenciosa y cubierta de polvo, yacía su arpa.
Pese a todo, se sorprendió. No ya por lor vagos recuerdos traumáticos que le transmitía el objeto, sino por el hecho de que siguiera en su casa. Su padre podría haber hecho un buen precio por ella, pero no la había vendido. Y no aparecía mencionada en el testamento. Se preguntó si sería porque su progenitor ya la consideraba una posesión suya, y solo esperaba que viniese a recogerla.
Impulsado más por la curiosidad que por el amor propio se acercó y tocó su madera. La verdad es que estaba hecha unos zorros. Nadie se había preocupado de cuidar de ella, cosa que le molestaba. A mano derecha, encontró también el taburete que había usado para tocarla. Reguló la altura a su nueva proporción y se acomodó. Descubrió no sin regocijo que sus brazos ya le permitían tocar de una forma cómoda, que era tan grande como ella, y que sus cuerdas se habían ablandado con el paso de los años. Con deseo de tocarla, y a falta de partitura, echó mano de la única canción que se sabía de memoria.
“Fa~, sol, la, la, sol, fa, mi, re, re, mi, fa, fa, mi~... el canto alegre del que espera un nuevo día.”
Y por fin no hubo trabas a la hora de ejecutar la canción. La falta de práctica después de tantos años no podía compararse con la igualdad de proporciones. Quedamente, una lágrima se deslizó por su mejilla.
- Te echaba de menos, Elisa.
Y con un suspiro, la cuerda de la nota 're' se rompió de nuevo con un 'tang'. El paso de los años no dejaba a nadie indiferente.





Notas finales respecto al texto: Un poco más largo que los habituales. Es lo que pasa cuando se trata de la personalización de lo inanimado: me dejo llevar al escribir.
Reflexiones de un objeto que nunca llegó a ser tocado, aderezado con uno de los poemas que más me gustan como introducción. Este texto es una reflexión sobre cómo los grandes genios y aptitudes mueren a la chita callando, sin ser practicados por alguien que desconoce que posee ese don en concreto. También es una afirmación de que no vale tanto la calidad del instrumento como la pericia de quien lo usa, y que todo gran artista tuvo una práctica previa que le hace ser quien es. Por último, he de decir que el texto concuerda con el hecho de que el maestro Antonio Stradivari sólo fabricó un arpa en toda su vida, hecho en el cual me he inspirado, pero al cual no aludo directamente en el texto por darle un carácter genérico y por no poder ajustar los hechos a la época. Y a pesar de todo, el tema me parece demasiado manido.
El arpa siempre ha sido mi instrumento favorito, tanto por su sonido como por su estética. El único problema en torno a ello fue lo tarde que lo descubrí. Quizás si hubiera escogido este instrumento antes que el piano la obsesión de mis padres por enviarme a clases de música habría dado sus frutos.
Con este pequeño texto también inauguro el nuevo icono del blog, que es (sí señor) el arpa céltica cuyo icono representa la famosa cerveza Guinness, eso sí, con los colores invertidos para concordar con la estética del blog.

23 de agosto de 2011

How to be alone, by Tanya Davis.



HOW TO BE ALONE, por Tanya Davis (traducido y adaptado por ~BenditoDesorden).

Si al principio estás solo, sé paciente. Si no has estado solo a menudo, o si cuando lo estabas, no estabas satisfecho con ello, sólo espera. Descubrirás que está bien estar solo una vez lo disfrutes.

Podemos empezar con los sitios básicos: el baño, la cafetería, la librería. Allí puedes leer el periódico, conseguir tu dosis de cafeína diaria o sentarte y ver el mundo moverse. Allí puedes apreciar los títulos y oler los libros. No vas a hablar mucho de todas formas, así que estarás a salvo.

También está el gimnasio. Si eres tímido, podrás encontrarte a tí mismo en los espejos, o enchufarte los cascos y apagar el mundanal ruido.

Y está el transporte público, porque todos sin excepción tenemos que movernos.
Y está la oración y la meditación. Nadie te recriminará si quieres contener el aliento buscando paz y salvación.

Empieza de forma sencilla. Cosas que pudiste hacer previamente basándote en tus principios para 'evitar estar solo'.

El comedor de un restaurante. Estarás rodeado de calmantes a base de calorías. Empleados que trabajan por horas, y cuyos cónyuges están en otra parte de la ciudad, así que -como tú- ahora están solos.

Resiste el impulso de mirar el móvil a cada segundo, haz el favor.

Cuando estés satisfecho con la comida y el paseo vespertino, invítate a cenar. Que sea un restaurante de tapetes de lino y cubertería de plata. No vales menos. No serás una persona menos misteriosa cuando estés comiendo el postre por apurar los restos de nata con tu dedo. De hecho, algunas personas en mesas abarrotadas desearían estar en tu sitio.

Ve a ver una película. Donde esté oscuro y tranquilo. Solo, en tu sitio en medio de una comunidad fluctuante.
Y entonces, sácate a bailar en un pub donde nadie te conozca. Permanece en la pista de baile hasta que las luces te nublen la vista y la música te enseñe los pasos. Baila como si no hubiese nadie mirando... porque probablemente no lo haya. Y, si lo hay, asume que sus intenciones humanas son las mejores. El ritmo con el que los cuerpos se mueven con los acordes es, después de todo, incitante y atractivo.
Baila hasta que sudes, y los mejores fragmentos de tu vida vuelvan a tí como si fueran bendiciones.

Ve solo al bosque, y disfruta de la compañía de árboles y ardillas. Ve a una ciudad desconocida; patrulla las calles, y siempre habrá alguna paciente estatua que escuche y bancos para sentarse y proporcionar a extraños una experiencia compartida si sólo por un minuto detienen su caminar. Estos momentos pueden quitarte un peso de encima, incluso si esas conversaciones nunca ocurren pues nadie transita esa calle, porque has llegado hasta ahí por tí mismo.

La sociedad se asusta de la soledad, al igual que los corazones solitarios se malgastan en prejuicios, como que la gente tendrá problemas si, después de un tiempo, no mantiene una relación con nadie. Pero la soledad es una libertad que permite respirar fácilmente y permite sanar las heridas si sabes cómo.

Puedes permanecer al amparo de grupos y muchedumbres o unir las manos con tu pareja, mirando por tu propio bienestar en la búsqueda de compañía. Pero nadie está en tu cabeza y, para cuando hayas trasladado tus pensamientos fuera de tu cuerpo a través de tu boca, su esencia puede haberse perdido ya, o quizás simplemente te la has guardado para tí.

Quizás todo reside en la virtud de amarse a uno mismo; quizás todas esas bonitas consignas que nos acompañaron desde preescolar hasta la escuela secundaria, gruñendo por lo bajo, fueron sólo órdenes de mantener la soledad bajo llave. Porque si en tu fuero interno eres feliz, estar solo no es un problema.

Está bien si nadie piensa como tú. Cada experiencia es única, y nadie puede percibirla de la misma forma, ni ponerse en tu lugar, pero esto guarda para uno los momentos mágicos de toda una vida.

No significa que no estés conectado, que la comunidad no esté presente. Tan sólo toma la perspectiva de ser una persona en una cabeza pensante y sentir los efectos de ello. Toma el silencio y respétalo. Si practicas un arte que necesite dedicación, deja de perder el tiempo. Si tu familia no te aprecia, o la religión no te ofrece consuelo, no te obsesiones con ello.

Puedes estar rodeado en un instante tan sólo si lo deseas.
Si tu corazón sangra, aliméntate con tus heridas.
Sé la prueba viviente de que hay calor incluso en la mayor ventisca.

20 de abril de 2011

El Jardinero fiel

Hoy, mi mamá ha muerto. Mi padre la ha matado.


Me llamo Rosa, y tengo trece años. Mi maestra, desde el momento en que la conocí, me confió que mi nombre le gustaba. Me dijo que era el nombre de la flor más bonita que cabe imaginar: una flor versátil, camaleónica, capaz de adoptar todos los colores y ninguno. Una flor capaz de expresar numerosos mensajes, pero siempre llenos de afecto y bondad. Yo tomé el nombre de mi madre, que a su vez lo tomó de su madre. Lo que podría parecer una coincidencia fruto de la tradición familiar no era sino una forma de enmascarar el honor que le hacía mi madre a su nombre. Ella era todo lo que mi profesora había descrito. Una mujer capaz de adaptarse a las más complicadas situaciones con tal de sacar a su familiar adelante. Mi hermano y yo éramos a menudo fruto de sus excesivas atenciones, que lejos de parecernos opresivas, nos encantaban. Aún a día de hoy soy incapaz de comprender cómo mi madre sacaba tiempo de donde no lo había para ocuparse de nosotros y al mismo tiempo ocuparse de su trabajo. Al contrario que mi hermano, más pequeño, yo era consciente de los malabarismos que ella tenia que hacer para atender a todos sus asuntos. A menudo llegaba a recogernos al colegio, con el moño despeinado, la chaqueta de su traje con los botones mal abrochados y la falda torcida, debido a las prisas. Mi madre decía que no era fácil correr en tacones. Mi hermano se enfurruñaba, pues siempre pensaba que ese día, definitivamente, tendríamos que ir andando solos a casa. Sin embargo, mi madre nunca desatendía una cita: cuando al fin llegaba a la puerta del colegio, tras la desaparición del aluvión de coches que congestionaba la calle que había enfrente a la escuela, siempre traía una bolsa de chuches para darle a Javier y un beso en la frente seguido de un "lo siento" para mí. He de confesar que, en esos momentos sentía una envidia que me carcomía por dentro, al pensar que mi hermano recibía regalos todos los días, y yo sólo unas palabras de disculpa. Con el tiempo, crecí y aprendí a valorar más el afecto que las gominolas, pues ya no me sentía como un 'príncipe destronado', que es lo que suelen experimentar los niños con la llegada de un hermano.

Ahora ya os habéis dado cuenta que tanto mi hermano Javier como yo éramos unos verdaderos trastos. Pero, a pesar de todo, mi madre nunca pensó en faltar a su trabajo poniéndonos como excusa. Incluso me confesó que su jefe sólo consiguió convencerla para evadirlo debido a las bajas por maternidad, cuando necesitábamos más atención. Sólo de pensar en lo sumamente pesados que somos aún ahora, miedo me da imaginar el hecho de vernos convertidos en criaturitas pequeñas que sólo saben llorar, comer y dormir. Pero mi madre se negó a contratarnos una niñera; ella quería pasar tiempo con nosotros, y doy fe que lo consiguió.
Por si os cuestionáis sobre el trabajo de mi madre, os diré que ella era abogado. Mi hermano, a día de hoy, aún sigue sin entender bien en qué consiste ese empleo. La primera vez que en el colegio le preguntaron por el trabajo de sus padres, respondió que su madre trabajaba con 'ahogados'. Pobre, sólo tenía tres años.. Posteriormente, mi madre le explicó que se encargaba de defender a la gente buena de cosas que no habían hecho. Mi hermano le perdió entonces cierto respeto, pues antes imaginaba a mamá con un bañador y un salvavidas, ayudando a la gente que no sabía nadar en la playa. Pero yo tenía ya una edad en la que sabía que mi madre tenía que sacar a flote a otro tipo de personas. El trabajo del despacho a menudo podía ser agobiante, y no era infrecuente que mi madre se trajera parte de él a casa. Podía estar pensando en qué testigos solicitar mientras preparaba un pastel, o anotar las preguntas que lanzar al acusado mientras me ayudaba con el trabajo de historia. Con el tiempo aprendí que se abogado no es un trabajo tan bonito como lo pintan: me asusta pensar que mi madre alguna vez tuvo que defender a alguien culpable, sólo por adquirir el dinero que ganaría por librarle de ir a la cárcel. Todas estas cosas las pienso más a menudo ahora que ella ya no está.


Si le hubieran preguntado a mi madre cómo iba a terminar su historia, ella habría imaginado todos los finales posibles menos este. Mi padre dijo que ella era de su propiedad y que no tenía derecho a vivir su vida sin él. Mucho menos, vivir su vida feliz. Pues bien, señor Juez, espero que la defensa sea consciente de que está defendiendo una causa hueca. Ahora que conozco a mi padre, y le tengo delante de mí, no puedo quitarme de la cabeza todo lo que presencié. No fue agradable ver a mi madre, tendida en el suelo, con los ojos vacíos, mustios como los de una flor sin vida. Mi padre no es un buen jardinero. No tengo nada más que declarar.


Porque hoy mi madre ha muerto. Mi papá la ha matado.

27 de marzo de 2011

Another one Bites the Dust.



¿Cómo crees que voy a sobrevivir sin tí ahora que te has ido? Me escogiste por todo lo que tenía, y ahora me abandonas a mi suerte. ¿Estás feliz, satisfecha? ¿Por cuánto tiempo podrás soportar este bochorno? Tras la puerta silban las balas al ritmo de la música.

Otro que muerde el polvo.


Another one Bites the Dust, by Queen.

14 de febrero de 2011

Touche de Rouge.



Nos resulta muy fácil definir la palabra odio como toda aversión hacia algo o a alguien a quien deseamos mal. Sabemos reconocer el odio cuando lo sentimos, aunque a veces su procedencia es irracional, y desde luego sabemos cómo darle salida.
Entonces, ¿por qué un sentimiento que suele proceder de la misma fuente y es igual de intenso nos resulta tan desconcertante? Incluso a día de hoy nadie ha encontrado una auténtica definición que explique de qué trata el amor. El amor no entiende de sexos, edades o razas. El amor como sentimiento es universal e intransferible, incognoscible y altamente adictivo. El amor se puede dejar traslucir de muchas formas: un pequeño presente, una sonrisa, un sonrojo claramente evidente, o incluso con silencio.
No hace mucho me contaron una anécdota, en la cual un estudiante de universidad se encontraba haciendo un estudio sobre cuánto solían durar las parejas actuales. Una tarde de verano, entrevistando a un hombre anónimo de entre tantos individuos que pueblan las aceras, que solícitamente se prestó a ayudar, obtuvo la siguiente respuesta: "Me siento orgulloso de decir que llevo amando a la misma mujer durante cincuenta años." El joven, entusiasmado al haber encontrado una opinión que contrastaba con la de la mayoría, quiso ahondar en el asunto. Pero el hombre no había terminado todavía.
"Si tan sólo ella lo supiera", dijo.




Pensareis: "vaya por Dios, otra pobre desgraciada que se ha visto afectada por la fiebre 'sanvalentínica'". En tal caso, os diré simplemente que os estáis quedando en la anécdota del texto y no en el verdadero mensaje. No pretendo dar bola a un acontecimiento que tiene más de consumista que de humano, ni quiero dar imagen de un desaforado auge hormonal pre-primaveral. No me estoy refiriendo a un amor en concreto: ni entre amigos, ni entre hermanos, ni siquiera entre amantes (el cuál es para mí uno de los secundarios, por no decir terciarios).
Una persona puede amar innumerables cosas, y todas al mismo tiempo: un ser vivo, un trabajo, una forma de arte... incluso un ideal. Sin embargo, es ese mismo sentimiento de adoración y protección el que mantiene viva una chispa dentro de la persona. Me arriesgo a decir que ninguno de nosotros estaríamos aquí ahora si no tuvieramos algo que amaramos o a lo que aspiraramos, aunque fuera remotamente. Pedro Salinas expresaba en sus poemas esta misma sensación: sentir que lo amado es aquello que te da luz, aquello que te eleva a tu máxima potencia; aquello que te da vida. Qué alegría vivir, sintiéndose vivido.


Por eso digo que no debemos pensar en el amor cómo algo tan banal como un dibujo puramente conceptual de un corazón, una rosa roja, un beso o una noche de sexo. El amor es aquello que te impulsa a construír puentes en vez de muros, a sentir curiosidad por lo que te rodea, y a querer proteger aquello que adoras. Sea una hombre, una mujer (ambos, a veces) o una cosa inanimada.
Pero nunca olvides una cosa: el hecho de amar algo sucede independientemente de la respuesta obtenida. Nunca ceses de amar algo por no conseguirlo. Quizás entonces podamos entender los sentimientos que profesó aquel hombre en una entrevista de una tarde de verano.




12 de febrero de 2011

El Cisne negro.



I had the craziest dream last night, 
about a girl who has turned into a swan.
She needs love to break the spell
but her prince falls for the wrong girl.. 
and she kills herself.


Estas turbadoras palabras son las que dan comienzo a la historia del Cisne Negro. Me habían hablado ya de este diamante en bruto, pero hasta el día de hoy no me había acordado siquiera de mirar el trailer de este próximo estreno. Y he de decir que me ha cautivado.

A grosso modo, esta película de tipo piscológico trata de dos bailarinas que trabajarán en la representación del 'Lago de los Cisnes' en Nueva York. El director impone como requisito que la bailarina principal deberá efectuar a su vez dos papeles: el cisne blanco, y el cisne negro. Nina (Natalie Portman) es la escogida para esta tarea, y la persona idónea para interpretar al cisne blanco, animal que se caracteriza por la inocencia. Sin embargo, el papel del cisne negro se adapta más a Lily (Mila Kunis) la cual es desbancada de la producción por Nina, lo cual hace que su odio hacia ella empiece a brotar. El film analizará el creciente lado oscuro que empieza a aflorar en la protagonista, a raíz de los acontecimientos. En definitiva: se muestra como una de esas películas de autodestrucción personal que me suelen interesar.


El hecho de ver que la actriz principal fuese Natalie Portman ya me dió una pista de lo que me podía deparar, y al leer en los créditos iniciales que esta película estaba dirigida por el mismo director de 'Requiem for a Dream' lo confirmó. Obviamente, estoy haciendo solo suposiciones, pues aún no me ha sido posible verla, pero puedo afirmar que esta será una de las pelis por las que me merecerá la pena pagar para ir a verla al cine.

Se estrena el día dieciocho de febrero en España. Por el momento, dejaré que se me vaya haciendo la boca agua. Aquí os dejo el trailer en inglés subtitulado al español.


Espero que os guste :)

31 de enero de 2011

Childhood.



Lollipops turn into cigarettes. The innocent ones turn into sluts. Homework goes in the trash. Mobile phones are being used in class. Detention becomes suspension. Soda becomes vodka. Bikes become cars. Kisses turn into sex. Remember when getting high meant swinging on the playground? When protection meant wearing a helmet? When the worst things you could get from boys were cooties? Dad’s shoulders were the highest place on earth and Mom was your hero? Your worst enemies were your siblings. Race issues were about who ran the fastest. War was only a card game. And the only drug you knew was cough medicine. When wearing a skirt didn’t make you a slut. The most pain you felt was when you skinned your knees, and goodbyes only meant until tomorrow?
And we couldn’t wait to grow up?



23 de enero de 2011

Artista.



No me gusta que me digan que soy artista porque ahorre dinero de copas para gastármelo en acrílicos. No me gusta que me digan que soy artista porque me quedo hasta altas horas de la noche escribiendo, dibujando, componiendo, en lugar de viendo imágenes prefabricadas que me ofrecen los medios de comunicación de masas. No me gusta que me digan que soy artista porque mi mirada se pierde sin remedio en un horizonte lejano, pensativa. No me gusta que me digan que soy artista por vivir más en las nubes que en la tierra.

Me gusta que me digan que soy artista porque soy capaz de tocar el corazón de aquellos que procuraron librarse de él. Tocarles su corazón en un punto profundo y escondido, olvidado. Olvidado por el hecho de que dolía su presencia.
Sacar afuera ese dolor es tarea fácil; lo difícil es a la hora de curarlo con palabras, colores o melodías. El formato no importa.


Lo que importa es que el arte es la medicina del alma.