3 de abril de 2012

Acción, Reacción.


Instantánea perteneciente a ~Olinwena publicada en DeviantArt.



Bendita individualidad.
Bueno, bendita y maldita a la vez. No vamos a negar que todos hemos tenido en alguna ocasión ganas de arrancarle la cabeza a alguien; yo, la primera de ellas. Pero aún pese a todo, no podemos evitar el hecho de sentir curiosidad por aquello que nos es ajeno a nosotros. Aquello que conocemos incluso menos de lo que nos conocemos a nosotros mismos.
¿Por qué? ¿Qué es lo que nos hace seres sociables por naturaleza?

La vida empieza fuera de tu zona de bienestar. Dentro del propio concepto de estar vivo viene implícito el hecho de descubrir cosas nuevas, arriesgar a perderlo todo y afrontar los errores que cometas. Y dentro de esto nada nos puede presentar un desafío mayor que conocer a otro ser humano. Pensadlo bien: nacemos completamente aislados los unos de los otros. No físicamente hablando por supuesto, sino desde el ámbito psicológico. Somos como islas separadas a kilómetros de distancia, cuyos únicos puentes de comunicación los constituyen el lenguaje y la cultura. Pero esos puentes están llenos de de taras, y nunca estás seguro de si lograrás en algún momento conocer y alcanzar otras islas, porque se trata, en muchas ocasiones, de lugares muy diferentes del que tú procedes. Mientras exista la individualidad, será imposible eliminar definitivamente la soledad. No existe nada parecido a una realidad compartida, aunque a veces lo parezca. Incluso las personas que creen estar conectadas por lazos afectivos de amistad, familiares o incluso más profundos, no poseen realmente una conexión tangible. Solo la ilusión de la misma.

Para crecer deben contactar a través de esos puentes. El verdadero punto de unión de dos personas es la colisión entre ellas. La tercera ley de Newton es aplicable a algo más que a los cuerpos sólidos: acción y reacción.
La verdadera forma de conseguir atisbar a otro ser humano viene dada por el caos: debes conocer a la otra persona, interactuar y discutir con ella. Cada movimiento tiene una reacción igual y opuesta, y debes jugar con ello. Debes enfrentarte a aquello que no te guste, ahondar en sus razones e intentar disipar sus dudas. Debes ofrecer lo mejor de tí, esperando que a su criterio sea también lo mejor que el otro pueda recibir. Debes mentir si lo consideras apropiado, pero nunca herir de forma gratuita. Debes tratar a los demás como querrías que ellos te tratasen a tí: como a una gema extraña, o un tesoro recién descubierto.

Y si no te gusta lo que encuentras al remover los posos del té, asiente y aléjate como si nada hubiese pasado. Porque ya has adquirido otra experiencia más en esta vida: la que te da un punto de vista distinto del tuyo, y unas experiencias vitales enfocadas de otra forma. Aprender es colisionar; y la vida, experiencia. Y si los posos descubren algo maravilloso... siempre puedes disfrutar de este nuevo sabor en tu infusión.





¿Es posible llegar a explorar a fondo otras islas y descubrir todos sus secretos? Chicos, desafortunadamente mi conocimiento no llega tan lejos ni por asomo. Estoy tan perdida en este mundo como vosotros, nos guste o no.
Pero entre todas estas divagaciones de mi pequeña cabeza, sólo puedo afirmar una cosa con claridad: no puedes conseguir un par de buenos amigos sin ganarte antes otros tantos enemigos. Y si hay alguien que te tiene en el punto de mira, para bien o para mal, será que alguna vez en tu vida has defendido algo que considerabas realmente justo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario