20 de febrero de 2012

Residuos.


Imagen sacada de 'Contexto y concepto'.



Aún a estas alturas sigue asombrándome cuanto me puede bloquear un papel en blanco. Su mera presencia me apabulla. Medio para expresar ideas, lienzo universal y genérico. Matriz de la que todo surje, vehículo de la expresividad. ¿Cómo una persona como yo puede rascar y arañar en él buscando el trazo? El único trazo. Porque para nuestra desgracia, de las infinitas líneas posibles que se podrían ejecutar, sólo hay una en las profundidades que defina exactamente aquello que queremos sacar a la luz. El trazo como parte de una idea, o como una idea en sí. ¿Cómo podemos descubrirlo?

Según el esquema de la pirámide de Maslow, es paso imprescindible antes de dedicar tu vida a la creatividad y a la expresión, cumplir una serie de requisitos mínimos que asegurarán tu desarrollo y autorealización. Pero estos requisitos distan de ser de aprendizaje o desarrollo manual e intelectual. Todos ellos hacen relación al entorno en el cual te mueves. Disversos aspectos como la seguridad física y buena disposición de salud, así como las necesidades afectivas cubiertas son necesarias para una vida artística productiva. Esta teoría, constrastada con la vida de varias personas consideradas eminentes, se erige como un modo de justificar el éxito.
Sin embargo, yo me niego a creer que toda naturaleza y afán creativo surja de nuestro alrededor y no del propio genio. Independientemente de las circunstancias personales, dentro de muchas personas anida una necesidad de expresarse que no puede ser acallada por mucho que su vida personal naufrague. Grandes artistas, Mozart por ejemplo, siguieron componiendo sus piezas incluso en las circunstancias más adversas, ya fuera por el ostracismo, la enfermedad, o el hambre, en un intento casi suicida de acallar al mismo nivel sus necesidades creativas y económicas. Así acabaron, también hay que decirlo.

¿Es posible lograr una sublimación artística aunque las circuntancias personales hagan aguas? Tantos años de libertad y creatividad coartada dan sus amargos frutos ahora. No quiero que mis ideas sean residuos de la realidad colindante. No quiero que el trazo que deje mi mano en la eternidad vuelva a estar condicionado a las cadenas que otras causas externas me pongan.